Se solía hablar del sueño en negativo: se definía como la ausencia de actividad, como si fuera un interruptor. Cierras los ojos, el cerebro se detiene, y a la mañana siguiente se pone en marcha de nuevo.

Cada vez sabemos más sobre lo que ocurre mientras dormimos, y resulta ser un proceso bastante más complejo: durante el descanso se llevan a cabo muchas actividades y se atraviesan distintas fases (casi todo el mundo ha oído hablar de la fase REM, aunque hay más, y no son el objeto de este artículo).

La frontera entre sueño y vigilia tampoco está tan clara como podría parecer, y a veces se mezclan: el sonambulismo es un buen ejemplo de lo que ocurre cuando esa separación se rompe.

Para qué sirve dormir

Mientras dormimos se consolida la memoria, se regula el estado de ánimo, se reparan tejidos, trabaja el sistema inmune y el cerebro elimina residuos metabólicos. Una mala noche aislada se compensa sin más. El problema aparece cuando el sueño es insuficiente de forma mantenida: entonces todas esas funciones se vuelven menos eficientes y empiezan a notarse las consecuencias, con alteraciones metabólicas, cambios en el estado de ánimo, atención y memoria disminuidas o más riesgo de accidentes.

Cuando dormir mal deja de ser un problema pasajero

El insomnio —dificultad para conciliar el sueño, para mantenerlo o despertar demasiado pronto, con repercusión y secuelas específicas durante el día— es uno de los motivos de consulta más frecuentes que existen.

Como referencia, se habla de insomnio crónico cuando esa dificultad aparece tres o más noches por semana, se mantiene durante al menos tres meses y tiene repercusión durante el día. Por debajo de ahí, lo habitual es que se trate de un episodio transitorio.

Las causas posibles son muchas: problemas físicos como dolor, apnea del sueño, alteraciones del tiroides, ciertos medicamentos, cambios hormonales; y también problemas emocionales: ansiedad, cuadros afectivos, preocupaciones. Con mucha frecuencia es una combinación de varias.

Cuando esas causas son limitadas o pasajeras —un proceso doloroso que mejora, una preocupación concreta que se resuelve—, se recupera el equilibrio y se vuelve a dormir de forma adecuada.

Pero hay bastantes casos en los que el proceso no es tan breve. Las causas desencadenantes no se resuelven rápido, el insomnio se hace más intenso y prolongado, y la repercusión durante el día es mayor.

Además, el propio problema acaba retroalimentándose. Se empieza a dormir mal por una causa, no se consigue restablecer el equilibrio, el insomnio sigue, y con él llegan la preocupación, la anticipación y el miedo a no dormir. Esa espiral es la que lleva a que empeore y, con frecuencia, a que se cronifique.

Qué se puede hacer

En ese punto es cuando conviene plantear un abordaje específico del problema del sueño. No solo recordar los hábitos adecuados —la llamada higiene del sueño—, sino profundizar en los procesos que acompañan y perpetúan ese mal dormir (enfermedades, dolor, ansiedad, preocupación) y poner en marcha los tratamientos adecuados para el insomnio, que los hay.

Hay medicación, por supuesto, y es muy útil, con sus indicaciones y sus limitaciones, y da buenos resultados; hay distintos tipos y algunas novedades recientes que resultan prometedoras. Pero es igual de importante la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, que no consiste en repetir consejos: se ajusta el tiempo que se pasa en la cama, se rompe la asociación entre la cama y el desvelo, y se trabajan las ideas sobre el sueño que aumentan la alerta justo cuando hace falta lo contrario. Es un trabajo estructurado, pero flexible y adaptado a cada caso.

Eso es lo que ofrezco en esta consulta: un abordaje global del insomnio, que valore las posibles causas físicas y los posibles trastornos emocionales, y que plantee un tratamiento conjunto. Por un lado, sesiones de terapia orientadas al insomnio crónico. Por otro, un manejo responsable de la medicación, evitando periodos prolongados sobre todo de hipnóticos, que a largo plazo tienen más efectos secundarios.

Este artículo tiene un propósito divulgativo y no sustituye una valoración profesional individualizada.